La
viscosidad es lo contrario de la fluidez:
la resistencia que opone un líquido a su propia circulación.
Se interpreta en relación a la viscosidad del aceite nuevo. Un buen
lubricante debe contar con una viscosidad
multigrado, es decir, que debe ser bombeable en frío (por
tanto, bastante fluido) y, al mismo tiempo, resistir a temperaturas muy
altas sin que su película se rompa. El grado de un aceite siempre se
indica en el bidón (p. ej.: 5W40, donde el 5 representa el índice de
viscosidad en frío y el 40 la viscosidad que se mide en caliente). El índice
de viscosidad variará con el uso, y este test
permite verificar su nivel de alteración. El análisis se realiza a
una temperatura de 100°C y consiste en medir el tiempo que tarda el
lubricante en fluir hasta un tubo graduado. Entonces se compara con el
tiempo empleado por un aceite nuevo del mismo grado.
Este
test pone de manifiesto dos fenómenos:
- el
aumento de la viscosidad indica una excesiva temperatura de
funcionamiento o una elevada presencia de partículas de carbono, a
consecuencia de una mala combustión;
- la
disminución de la viscosidad implica un cizallamiento del
lubricante o una elevada presencia de combustible sin quemar.
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